El amor sin (te) Amo. Del amor en los tiempos modernos.

Love without (I) love (you). About love and the modern times.

Jessica Velardo Tierno.

Psicóloga, especialista en psicología clínica, Hospital Universitario Rio Hortega, Valladolid.


Resumen: La pregunta por el amor siempre ha recorrido nuestra historia y, con ello, a menudo nos encontramos a sujetos acudiendo a las consultas con demandas en torno a esta cuestión ineludible. En el presente trabajo se tratará de hacer una revisión de la transformación de las relaciones amorosas en un mundo envuelto por el capitalismo y, más concretamente, en analogía al cambio de posición que la mujer ha logrado en las últimas décadas. De esta manera, se extraerán algunas consideraciones sobre la influencia de las transformaciones sociales en las presentaciones clínicas actuales y el posible manejo terapéutico con sujetos marcados por la indefinición.

Palabras clave: amor, psicoanálisis, modernidad, Sigmund Freud, Jacques Lacan.

Abstract: The question of the love has always traveled our history and with this, frequently we find subjects attending to the consultations with demands around this inescapable question. The present work focuses on doing a review about the transformation of love relationships in a world enveloped by the capitalism, and more specifically, in analogy to the change of position that the woman has achieved in the last decades. And thus, some manifestations will be drawn about the influence of the social transformations in current clinics and the possible therapeutic management with subjects who are marked by the imprecision.

Key words: love, psychoanalysis, modernity, Sigmund Freud, Jacques Lacan.

Norte de Salud Mental, 2021, vol. XVII, nº 65: 25-33.

Foto de la portada, Adam Hornyak.

1. Introducción

Del ser humano no ha dejado nunca de preguntarse acerca del amor, esa incógnita ineludible que tanto enigma ha generado a filósofos, pensadores, sociólogos, artistas y psicólogos de todas las épocas. Por ello, no es de extrañar el gran número de personas que acuden a consulta buscando respuesta a este enigma.
Con el título del presente trabajo, “El amor sin (te) Amo” o, desgranando sus elementos: el amor, el Amo y el “te amo”, lo primero que descubrimos es que el amo se ha perdido o, más bien, que nosotros nos perdemos cuando pretendemos vivir como si no existiese, promoviendo una sociedad de libertad caótica, consumismo y amor en catálogos con título “Tinder”. De aquí podríamos preguntarnos por la manera en la cual se refleja esta “respuesta” social en la clínica. Vemos que las manifestaciones clínicas van variando, en muchas ocasiones, dando una respuesta al predominio social o al Amo de la época. Psiques cada vez más enredadas en envolturas sintomáticas y, con ello, cubriendo de neblina su sentido más íntimo. Si volvemos al hilo conductor que guía este trabajo, el amor, las relaciones, y las mil formas de definirlo, vivirlo, sentirlo y comunicarlo, vemos que asimismo sus manifestaciones han variado a través de las épocas. Estas puede que también sean una mera transformación de lo mismo, de una esencia más primordial en busca de una solución imposible. Parece que en la actualidad se opta por “no definir”, no sólo el amor en sí, sino también la elección amorosa, abogando por un amor libre o mosaico de relaciones. ¿Y si esta lucha por la indefinición del amor, por lo ilocalizable de este, se convierte en un nuevo amo? Es decir, si la no definición y los límites difusos y cambiantes de la sociedad posmoderna rechazante del amor romántico, no es más que una vuelta de lo anteriormente rechazado. En cualquier caso, lo que parece claro es que siempre ha existido una pregunta en torno al amor.

2. Primeros vínculos

2.1. Un deseo nombrado

Antes de aventurarnos a decir algo sobre el amor, quizás tengamos que remontarnos a los comienzos, a los primeros vínculos. Lacan destaca la importancia de las funciones materna y paterna en la transmisión del deseo a los hijos(1); un deseo que no sea anónimo y que les permita poder escribir su propia historia en la trama familiar. De esta manera, el niño podrá llegar a formarse una idea de su posición subjetiva y de su posible “lugar en el mundo”. La función materna sería la encargada de instaurar ese deseo y, la paterna, la que establecería la ley que regule el deseo, independientemente de quienes representen estas funciones. Por tanto, la función paterna cumple su cometido en transmitir una ley que regule los intercambios entre el niño y su madre, ley que funda la cultura y regula los movimientos sociales. El papel de esta función será esencial en la transmisión de un deseo particular y orientado.

Freud, por su parte, postula que los encuentros con el amor son en realidad reencuentros(2) , puesto que la ternura que brindan los padres hacia el niño en edades tempranas es la que le dirigirá posteriormente en su elección del objeto amoroso. Según esta hipótesis, lo más sencillo para el niño será elegir a aquellas mismas personas a las que ha amado desde su niñez. Por ello, la ley de la prohibición del incesto, acompañándose de las transformaciones orgánicas y las inhibiciones psíquicas propias del curso de la maduración, sería la encargada de regular este deseo. Así, se daría el paso desde esos objetos incestuosos, inapropiados en la realidad, hacia otros objetos, ajenos, con los que pueda cumplirse una vida sexual real.

2.2. La búsqueda incesante

Sin embargo, este transcurso no siempre encontrará un camino fácil. Freud expone que el amor sitúa en un punto de incompletud y dependencia, ya que todo objeto sexual posterior al de los primeros vínculos (etapa edípica) será un sustituto del objeto tomado por el niño en aquella época3. Por tanto, el sujeto está preso de una inmensa nostalgia proveniente de la incesante búsqueda de un objeto amado, y los encuentros amorosos posteriores siempre pondrán esta falta de manifiesto.

Freud plantea que lo que caracteriza la vida amorosa del hombre es la impotencia que quedaría como efecto de la prohibición del incesto, de ese límite. En la pubertad, el adolescente genera una especie de escisión que divide a la madre en dos aspectos, uno alusivo a su carácter cariñoso y respetable y otro, el sensual, vinculado a la madre que mantiene relaciones sexuales con el padre. En consecuencia, en el caso del varón, este no podría satisfacerse sexualmente con la mujer que respeta y, por lo tanto, cuando el objeto hallado está en relación con aquel perdido originalmente, puede llegar a asomarse la culpa incestuosa. El efecto resultante a esta impotencia sería la búsqueda de la degradación del objeto. El sujeto comenzaría a emprender una búsqueda de objetos a los que no necesita amar, a fin de mantener alejada su sensualidad de los objetos amados.

1 Véase LACAN, J.: «Dos notas sobre el niño», en Intervenciones y textos, 1969. Vol, 2, pp.55-57.

2 Véase FREUD, S.: Tres ensayos para una teoría sexual (1905), en Sigmund Freud. Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, Tomo VII, 1976.

3 Véase FREUD, S.: Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. Contribuciones a la psicología del amor, II. (1912) Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, Tomo XXI, 1986.

En una entrevista para la Psychologies Magazine, Miller matiza este punto afirmando que el principio de “degradación de la vida amorosa” haría que para el hombre fuese más difícil amar que para la mujer:

“el hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletud, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama” (4)

Por tanto, el amor sitúa en una posición de incompletud y, ante esto, el hombre trataría de aliviar la impotencia con otro objeto, un objeto desligado del amor.

En la mujer, Freud vincula la impotencia con la prohibición. Mientras que el varón podía transgredir la prohibición del quehacer sexual bajo la condición de la degradación del objeto, la mujer no solía transgredirla, adquiriéndose así el enlace prohibición-sexualidad(5). Hasta hace poco -y aún ahora en muchas sociedades y familias- la mujer se veía apocada a una función definida desde el momento del matrimonio (antes, mucho antes) como cuidadora y sirviente de su marido y, posteriormente, cuidadora y sirviente de sus hijos. Encerrada en una estructura familiar en donde la insatisfacción y la frustración, acalladas durante siglos, a lo sumo podían manifestarse a través del cuerpo. Con ello, podemos encontrar multitud de manifestaciones sintomáticas que parecen marcar un intento de resistencia a la incompletud y, en ocasiones, el acceso a la única forma de ponerse un límite a sí mismas y al otro. Síntomas como la inhibición, la frigidez, la anorexia o la apatía, ya que, cuando la palabra y el deseo son acallados, es el cuerpo el que habla.

En este punto, cabría preguntarnos cuál es la respuesta que está dando el sujeto moderno a esto. Un sujeto en el marco de una sociedad que rechaza la idea de incompletud y dependencia, pero también enmarcado en la era del feminismo, donde la mujer comienza a tener voz y el hombretrata de situarse, también como puede, en este “nuevo” discurso.

3. El no límite en la modernidad

3.1. ¿Una sociedad sin amo?

Como exponíamos anteriormente, la ley procedente de la función paterna (para Freud; ley del incesto) tiene la tarea de articular el deseo del sujeto gracias a la experiencia del límite, siendo este necesario y estructuralmente esencial en la neurosis. Sin embargo, esta experiencia de límite, en ocasiones ha venido de la mano de una autoridad masculina tan dictatorial, que parece haberse desdibujado la línea entre lo esencial de la misma en la neurosis y el mandato represor del amo dominante de la época.

En “El poder psiquiátrico”(6), Foucault procura reflejar cómo “la histeria” se ha ido transformando ante el propio movimiento de la sociedad y ante el avance o retroceso de la psiquiatría y, con ello, las nuevas formaciones sintomáticas que aparecen, en muchas ocasiones, como mensaje al Otro. Un mensaje a la prohibición y al sometimiento, con la pretensión de ser libres del poder del Amo, de los diagnósticos, las etiquetas o los cánones sociales. Si bien Foulcault hace referencia a la histeria, esto se podría extrapolar a todos aquellos individuos que buscan fervientemente escaparse de un poder que les priva de la satisfacción. En parte, una búsqueda necesaria, dando voz a movimientos progresistas, y en otras ocasiones, de forma tan abrupta que la lucha se vuelve ciega y los golpes al aire acaban dejando marca.

Por ello, se puede observar como en la sociedad actual parece existir el impulso de poner a prueba ese límite. Las redes sociales, el discurso capitalista, la falta de límites en lo corporal o los diferentes modelos de relaciones son una muestra de esta expansión. Y, ante esta respuesta social, ¿cuáles serían las consecuencias en la subjetividad para el sujeto moderno?

4 MILLER, J.A.: «Sobre el amor». Publicado en la revista; Magazine, 2008, n° 278.

5 Véase FREUD, S.: Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. Contribuciones a la psicología del amor, II. (1912) Obras completas, op. cit.

6 Véase FOUCAULT, M.: El poder psiquiátrico. Ediciones Akal, Vol, 245, 2005.

3.2. La individualidad perdida

Silvia Ons enuncia que la función del padre, ese “basta” al no límite, es lo que permite la excepción y el reconocimiento a la individualidad. Expone que si el discurso amo declina, su lugar será ocupado por un discurso capitalista caracterizado por la absorción de todos los signos. Ante esto, los sujetos empezarán a perder singularidad para formar parte de una clase “los sádicos, las anoréxicas, los bisexuales, los feministas, las histéricas…”, y no sin consecuencias subjetivas. Por poner un ejemplo no poco común, Ons hace una apreciación respecto a aquellas mujeres que permanecen años frente a la figura del maltratador. En épocas anteriores – muy próximas – la represión y el mandato social eran tan evidentes que la mujer tenía poco margen para alejarse de su agresor. En la época actual, uno se pregunta el porqué de muchos casos en los que la mujer escoge quedarse, incluso defendiendo a aquel que la agrede. Podríamos pensar que, por un lado, entraría en juego una parte de violencia y su consecuente miedo ante una sociedad y justicia aún no preparada para hacerle frente. Pero aún con esta realidad en juego, se nos muestra otra perspectiva, no excluyente de la anterior. Algunas mujeres tratarían de suplir la falta de individualidad bajo la forma de ser “únicas” para el hombre, ya que el hombre violento parece entronizarlas como irremplazables, excepcionales e insustituibles(7). Gustavo Dessal ubica el “Tú eres la que me seguirá” como esa voz irresistible y letal en la que ella es presentada cómo la elegida(8), una posición a la que es difícil renunciar en una sociedad en donde nadie elige nada.

Ahora bien, el hombre tampoco queda exento de dificultades. En la sociedad moderna, en donde este aparece en ocasiones señalado como el sexo débil y no le es otorgado un estatus únicamente por su condición de hombre (o al menos no siempre o no por todos), parece haber perdido unos privilegios de los que también es difícil hacer renuncia. Ante esto, algunos hombres hacen por defenderse de manera cada vez más abrupta. El hombre violento sería aquel que, impotente, solo puede hacer aparecer su “virilidad” mediante la fuerza, en respuesta a un carecer de autoridad(9). Un efecto de acción-reacción con el consecuente peligro de esta escalada de violencia.

4. Rechazo al amor

4.1. El desencuentro

Zygmunt Bauman ya nos alerta de que “el amor puede ser tan aterrador como la muerte”(10). El acceso al amor implicaría soportar la división irremediable, el desencuentro de los dos saberes inconscientes, puesto que nunca ha habido concordia ni entre los sexos, ni entre los géneros, ni entre las posiciones sexuadas. Lacan lo expone en su enunciado: “no hay relación sexual”(11), situando como imposible las relaciones en el sentido de complementariedad.

Si bien aún existe un ideal de completitud, transmitido de forma habitual en los dichos cotidianos: “la media naranja”, este ideal se funda en lo imaginario y situaría al amor solo en el plano narcisista, siendo la propia imagen a quien se ama en el Otro.

Por ello, Lacan expone la imposibilidad para un sujeto de completar a otro, postulando que “el amor es dar lo que no se tiene, a alguien que no quiere eso”(12). Esta segunda instancia se inscribiría en el registro simbólico. La raíz de la pareja simbólica estaría así constituida por una falta de significante que supuestamente puede suplir un significante que hay que buscar en el Otro. Por tanto, no se trata de amar en el otro lo que uno es o querría ser, sino que el amar se enlaza a la falta, es decir, se ama lo que no se tiene en quien no lo tiene.

7 Véase ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit.

8 Véase DESSAL, G.: “Tú eres la mujer que me seguirá”, en Sawicke, P y Stillo, B (comps.), Relaciones violentas, entre el amor y la tragedia. Grama ediciones, Argentina, 2014.

9 ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit., p. 59.

10 BAUMAN, Z.: Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Paidós. Barcelona, 2018, p. 27.

11 LACAN, J.: El seminario Libro 19: …o peor (1971-1972), Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 12.

12 LACAN, J.: El Seminario 12. Problemas cruciales para el psicoanálisis. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1965, p 359.

Amamos algo ilusorio, el agalma que decían los filósofos clásicos, algo indefinible y precioso para lo cual no se tienen palabras(13). Por tanto, el amor y las relaciones se presentan como un laberinto de malentendidos cuya salida no existe y, los enamorados, como condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando claves siempre revocables(14).

En la sociedad actual, ante el encuentro con esa inconsistencia, en muchos casos se apuesta por el no aventurarse en el campo pantanoso del amor. En su lugar, se aboga por un goce que se perfila como consistente, sólido, fiable y no sometido a la aleatoriedad contingente del encuentro con el Otro. Miller enmarca la época hipermoderna en una tendencia incestuosa de este goce, la ausencia de límites y prohibiciones simbólicas, y el culto narcisista del yo(15).

Y recordemos que el goce no se dirige a un Otro, ya que es más bien autista, se goza del cuerpo y se goza solo. Por tanto, como señala Miller: “Hay algo que desfallece en lo que atañe al amor, cuando el amor es confrontado al goce” (16).

4.2. La fragilidad de los vínculos

Por ello, acompañando al goce, nos encontramos con la sociedad de las redes. Una sociedad en la que, como dirá Bauman, los vínculos se hacen y se deshacen con la misma facilidad con la que conectamos y desconectamos un cable(17). La consecuencia: un estado de fragmentación en donde la rotura de lazos deja a los sujetos más permeables a sus pulsiones en ausencia a las ligaduras afectivas entre ellos(18).

Lo usual ahora es un remplazo continuo en el que desechar algo y cambiarlo a la mínima que topamos con la incompletud se convierte en el eslogan imperante de la felicidad. Bauman dirá; “terminar rápido y comenzar desde el principio”(19). Imperativos que propician la búsqueda de “nuevas aventuras” con la ilusión de encontrar el goce que falta(20).

Pero antes de la era Tinder, la sociedad ya se habían inventado otras soluciones a la insatisfacción. Como afirma Silvia Trelanz, en lo esencial nada del amor se modifica, cambian las vestiduras con que se presenta la vida amorosa(21). Lo que antes era infidelidad se abrió paso entre la prohibición y el patriarcado en un intento de acuerdo e igualdad de los sexos hacia lo que luego fue relación libre. Pero entonces, el sexo dejó de ser una solución cuando se vislumbraba sorprendiendo la demanda de amor. El nuevo alegato social, el poliamor, irrumpe con fuerza de la mano de la reivindicación, la insatisfacción y la diferente posición de la mujer en lo social.

El derecho de las mujeres a elegir cómo situarse en sus relaciones afectivas, y la posibilidad de decidir con respecto “al cuerpo”, toma una relevancia sin precedentes en la historia. Entre la mitad del siglo pasado y el actual se han logrado profundos cambios vinculados al lugar de las mujeres en el mundo. Silvia Ons nos sitúa unos cuantos: la inserción en el mundo laboral, la separación de la sexualidad y la maternidad con la aparición de anticonceptivos, su participación en ámbitos públicos y universitarios… Sin embargo, esta autora advierte que la condición femenina ha padecido desde siempre una segregación que refleja la imposible integración de la feminidad en el espíritu humano. Por ello, nos recuerda que pese al cambio de paradigma la necesidad de amor sigue vigente y difícilmente algún lugar en lo social alcance para suplirlo(22).

13 Véase PLATÓN.: El Banquete (385–370 a. C). En Obras completas. Madrid. Patricio de Azcárate, tomo 5, 1872.

14 Véase MILLER, L. A.: Sobre el amor. Psychologies Magazine, 2008, n° 278.

15 Véase MILLER, J. A.: El partenaire-síntoma. Buenos Aires, Argentina, Paidós, 2008.

16 Ídem. p. 260

17 Véase BAUMAN, Z.: Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, op, cit.

18 ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit., p. 55.

19 BAUMAN, Z.: Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. op. cit., p.22.

20 ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit., p. 89.

21 TENDLARZ, S. E. La falta de amor. Las mujeres y el amor. [Internet]. 2017 [citado abril 2021]. Disponible en: http://www.silviaelenatendlarz.com/index.php?file=Articulos/Las-mujeres-y-el-amor/12-05-17_La-falta-de-amor-por-Silvia-Elena-Tendlarz.html

22 Véase ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit., p. 39.

Así, en lo femenino siempre ha existido un movimiento con trayectoria confusa y etérea. Un no-todo generador de lo más bello, a la par que arraigado al sufrimiento más íntimo. Como el amor…

5. El enigma femenino

5.1. El no-todo

Por tanto, amar sería reconocer la propia falta y asumir la del otro. No es dar lo que se posee, es dar algo que no se posee, que va más allá de uno mismo. Por ello, parte del psicoanálisis postula que esto es esencialmente femenino(23).

Lacan, con las fórmulas de la sexuación indicó que todo ser que habla puede inscribirse del lado de lo masculino o lo femenino, pero que pese a esto el cuerpo es una marca insoslayable y, para muestra, la maternidad. Por tanto, no sería lo mismo un hombre inscrito del lado femenino que una mujer(24).

La madre, será aquella que ha de poder alojar el resto que la sorprende. Si bien la maternidad se ha representado con Freud como solución de la feminidad por el sesgo del tener (el hijo fálico), con Lacan el enigma femenino es justamente lo que resta de ese tener, sería aquello ligado al no-todo. Por tanto, no se trata de empujar lo femenino hacia lo materno, como la tradición hizo, sino de problematizar la maternidad. No hace falta que una mujer se embarace ni desee hacerlo para que su cuerpo erógeno presente una posición más abierta al alojamiento de lo extraño. La mujer sería entonces más abierta al Otro, posicionada con mayor tendencia del lado femenino. Aunque, por la misma razón, pueda sentirse más vulnerable frente a este(25).

Kierkegaar, al preguntarse ¿qué es el amor?, afirma que es tan difícil definir su esencia como definir el ser, y es entonces que podemos advertir que el amor y lo femenino se aproximan, en tanto a acercarnos a un irrepresentable(26). Ante esto, cabría preguntarnos si el mundo se ha feminizado dado el mayor papel de la mujer en lo social o, por el contrario, si la mujer se ha situado más del lado del “tener” que nunca, desmarcándose de la posición femenina y adoptando una identificación masculina en el intento por no someterse. Lo que convergería, por tanto, en un mayor rechazo a las cuestiones del amor.

5.2. Un callejón sin salida

Si la posición femenina es la que facilita el acceso al amor y, ahora, esa posición está cuestionada en la época de la modernidad; ¿Qué queda del amor y cómo permitir en los tiempos que corren ceder el paso a la incompletud o a la incertidumbre?

Porque, si bien el movimiento social se dirige hacia el intento de desligar ciertos significantes de la condición femenina, se mantiene aún una huella social imborrable. Esta huella sería la del vínculo de la feminidad con la pasividad y la debilidad, un lazo aún existente tanto en lo social como en lo subjetivo. Así, muchos en el intento de desembarazarse de los primeros atributos –por ser aún considerados socialmente inferiores– también se desvinculan de la condición femenina, que más tendría que ver con ese no-todo, con la falta no recubierta por el significante fálico.

Ante esta perspectiva, uno podría preguntarse por cómo seguir luchando por los derechos de la mujer sin que esa lucha se convierta en un intento de suplencia a la falta en ser.

Si bien la mujer moderna se presenta como más libre para elegir, a su vez se encuentra cada vez más atrapada en la indecisión. Cualquier elección parece ser sentenciada por la culpa. Por un lado, la apuesta por la reivindicación, la libertad, la resistencia a las cadenas familiares e incluso amorosas, que empuja hacia una ruptura indefinida de todo lo previo. Una posición sentenciada por la tradición. Por el otro lado, la elección en la línea de lo que se ha venido llamando convencional: pareja estable, matrimonio, hijos… posición sentenciada por el sujeto moderno. ¿Cómo armonizar algo de esto?

Tal vez, lo primordial no sea tanto que elección se tome, si no el abogar por alguna elección, y reconocer esa apuesta en el deseo propio y no tanto en la deriva hacia el rechazo al Otro.

23 Véase MILLER, J. A.: El reverso de la Transferencia, Uno por Uno. Buenos Aires, Paidós, 1991.

24 Véase ONS, S. I.: Amor locura y violencia en el siglo XXI, op. cit., pp. 52-53.

25 Véase MILLER, J. A.: El partenaire-síntoma, op. cit.

26 Véase KIERKEGAARD, S.: Las obras del amor, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2006.

6. Una clínica vacía

La incógnita sigue estando en aquellos sujetos en los que la necesidad de encontrar el lugar de excepción perdido – ya sea por el influjo social o por la inconsistencia de la posición subjetiva formada en la infancia – se paga al precio de morir. Casos que podemos calificar de extremos, pero que no dejan de hacer su aparición en la clínica.

Recalcati habla de una “clínica del vacío” para hacer referencia a la forma y los modos que adopta la clínica contemporánea marcada por la caída de la función estructurante del padre. Una clínica en la que encontramos las distintas declinaciones que puede asumir el rechazo del Otro ante la negativa del sujeto a pagar el precio de ponerle límites al goce. Así esboza como, en el intento por escapar de una dependencia estructural respecto al Otro, algunos sujetos se ven envueltos en una dependencia patológica al objeto-sustancia(27).

El objeto del que se goza en patologías como la anorexia-bulimia o las toxicodependencias, sería del objeto puesto a disposición por el mercado para el consumo (el alcohol, la comida o la imagen). Esto brindaría la ilusión de anular la falta en ser del sujeto sin la medición de un Otro. En el discurso de pacientes con clínica anoréxica se puede escuchar frases cómo; “la anorexia es mi espacio propio, no pueden entrar, aunque quieran”. Una falta reducida a un vacío localizado susceptible a ser rellenado por el objeto de consumo(28). Siendo este objeto de consumo, en ocasiones, la nada.

Ante este escenario, Lacan se pregunta por cómo el goce pulsional podría admitir ser descompletado, carecer de algo para así poder verse embarcado en los asuntos del deseo(29). El amor sería lo que permite enlazar el goce a un partenaire, ya que en él se incluye el deseo. Por tanto, esta sería una manera de situar los límites del amor en su relación con el goce; “solo el amor permite al goce condescender al deseo”(30).

Asimismo, la función del amor estaría representada como aquello que se introduce para establecer la conexión con el Otro(31), gracias a poder integrar que hay algo que falta, y que uno no se completa con una sustancia, un nuevo gadget o una identificación sintomática. Cada cual habrá de hallar su particular forma de amar y relacionarse, aún con la influencia de la corriente social por la que se permita dejar fluir o los ideales paternos en los que se inscriba.

27 RECALCATI, M.: Clínica del vacío. Anorexias, dependencias, psicosis. Síntesis Editor. Buenos Aires. 2003.

28 Ídem, p. 153.

29 Véase LACAN, J.: El Seminario, Libro 20, Aun (1972-1973). Paidós, Buenos Aires, 1992.

30 LACAN, J.: El Seminario, Libro 10, La angustia (1963), Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 194.

31 Véase MILLER, J. A.: El partenaire-síntoma, op. cit.

7. La marca singular

La suplencia al vacío en las relaciones entre partenaires sería, entonces, el poder alojar algo del desamparo esencial del sujeto. Así, cada uno trataría de dar su solución particular a la falta. Lacan postula que, si algo del amor falla, es porque este también se encuentra ligado a la falla inaugural del sujeto. Esta falla inaugural del sujeto está a su vez relacionada con el encuentro de este con el Otro inicial, manera en la que se da para el humano el ingreso al mundo(32). Por tanto, sea cual sea ese encuentro inicial que inscribirá la falta, este repercutirá en la forma de los encuentros y desencuentros posteriores, pero también ejercerán influencia la sociedad actual y las de nuestras generaciones precedentes.

Con todo, algo transversal que atraviesa el amor que no ha variado, se mantiene y se trata de ese punto fundamental y más esencial que los analistas abordan.

Mercedes de Francisco expone que, si uno consigue llegar a entrever su marca personal, sus experiencias amorosas no versarán únicamente sobre pura pérdida y desconocimiento. El amor puesto en juego en el análisis, en la propia experiencia analítica, llevaría a descifrar esa marca singular y, por tanto, a reparar algo de la falla inaugural(33).

Así, el amor entabla un enigma propio, un enigma sobre las elecciones que tomamos y el porqué de esas elecciones: ¿es consciente la elección de un objeto frente a otros? Mercedes de Francisco dirá que el amor es una elección inconsciente(34). Se puede escoger con quién o quiénes estar, qué regalos hacerle a la persona amada o a qué lugares (o aplicaciones) acudir para buscar pareja, pero en sí, la elección amorosa es un enigma cuyas preguntas no encuentran respuesta de manera sencilla.

Para descifrar este enigma habremos de develar cómo se inscribe nuestra historia, pero también cómo nos relacionamos con lo que no cesa de no inscribirse. Por un lado, tendremos las determinaciones edípicas, que en cada cual dejarán una marca diferente, más o menos profunda y más o menos impermeable. Por otro lado, nos encontramos con nuestras raíces, nuestra historia, esa huella de memoria transgeneracional y cultural. También estaría lo azaroso, lo contingente en la sincronía de los encuentros. Y en último término, quizás la huella más ininteligible en interconexión con todo lo anterior, se encuentra la marca singular de cada uno. Esta marca más difícil de entrever, de poder captar y de develar en un análisis. Es a lo que Lacan llama sinthome, esa singular manera de respuesta de cada cual, mucho más fija y que insiste en escribirse (con una tinta prácticamente invisible y permanente) de la misma manera una y otra vez(35).

Lacan dirá que el amor se trata del encuentro entre dos exilios. La marca del exilio de uno se encontraría en sintonía con la marca del exilio de otro(36). Por tanto, no es de extrañar que, pese a no saberse muy bien porqué, no con cualquiera se produce ese encuentro.

32 Véase LACAN, J. (1977) Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra. El seminario. Libro 24. Recuperado de: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/29%20Seminario%2024.pdf

33 Véase DE FRANCISCO, M. Un nuevo amor. Grama, 2012.

34 Ídem.

35 Véase LACAN, J.: El seminario. Libro 23. El sinthome (1975-1976) Buenos, Aires, Paidós, 2006.

36 Véase LACAN, J.: El Seminario, Libro 20, Aun (1972-1973). op. cit.

37 TENDLARZ, S. E. La falta de amor. Las mujeres y el amor. [Internet]. 2017 [citado abril 2021]. Disponible en: http://www.silviaelenatendlarz.com/index.php?file=Articulos/Las-mujeres-y-el-amor/12-05-17_La-falta-de-amor-por-Silvia-ElenaTendlarz.html

8. Conclusiones

Toda experiencia pasada forma parte de una huella que comienza desde el momento en que nos nombran por primera vez, aunque ni siquiera hayamos nacido aún. Nos nombran nuestros padres cuando deciden ser padres, nuestros hermanos con la manera de recibirnos, nuestros antepasados cuando siguen siendo nombrados e incluso aquellos que cambiaron la historia y, sin saber por qué, se convirtieron en nuestros ídolos. Nos aman y amamos, pero también acabamos exiliados de un amor que no hallará fácil consuelo. Esa falta será la que nos lleve a seguir buscando, reinventando, anhelando y pregun tándonos por nuestro deseo. El amor se presenta como el intento a completar algo que nunca será completado, a la vez consecuencia y precursor de la falta, de ese vacío esencial. El amor, consiste en poner las respuestas en suspenso, en tolerar esa incompletud y aceptar la imposibilidad estructural. Sin embargo, en los tiempos que corren (y corren mucho), eso se tolera mal y poco, y antes si quiera de llegar a preguntas en torno al deseo, susti-tuimos esa sensación de incompletud por nuevos amores, varios amores, objetos e incluso visitas en Instagram. Se vende la posibilidad de obtener todo sin límites y se compra una frustración permanente ante la búsqueda a ciegas. Otros, se aferrarán con fiereza al objeto que parezca colmar el vacío de una identidad evaporada. Hablábamos antes de que la falta de singularidad en la sociedad actual puede llevar a una necesidad de reencuentro con el “ser único”, de salirse de la norma o de lo establecido. A veces, desde la más oscura dependencia con esa sentencia: “tú eres la elegida para seguirme”. Pero también desde la búsqueda de soledad y desligamiento, desde la nada más profunda e irremplazable o desde la lucha reivindicativa por el “ser libre” que, en ocasiones, vuelve más esclavo. Así, el amor consiste en ese equilibrio entre la falta de vinculación y la dependencia más absoluta, pero, al final, citando a Silvia Tendlarz, “la vida amorosa es un esfuerzo continuo por alojar un vacío central, no existiendo un universal del amor. Cada cual inventa la mascarada que le vuelve deseable y experimenta así su particular forma de amar”37. Dilucidar algo de la marca del exilio, esa marca singular, permitirá una mayor distancia a la repetición gozosa, a la dependencia a las relaciones edípicas o a la frustración ante encuentros que no completan. Los inventos son tan variados como personas existen y, por tanto, en las relaciones de amor hay algo del ridículo, de la incomprensión, de lo inefable. Y es que el engranaje entre dos inconscientes, entre dos exilios o marcas personales, es tan único como lo es el (re)encuentro.

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Jessica Velardo ✉ velardo.jvt@gmail.com

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• Recibido: 27-4-2021.
• Aceptado: 06/06/2021.

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