La asistencia psiquiátrica a finales del siglo XIX y principios del XX

De acuerdo con la Ley de Beneficencia de 1849, el Estado tenía la obligación de proporcionar atención sanitaria, mientras que un decreto de 19 de abril de 1887 estableció que la obligación de atender a los dementes era responsabilidad de la Diputación de cada provincia.

Limitada la asistencia casi con exclusividad a las instituciones asilares donde eran internados los más infortunados, su función no pasaba de ser meramente custodial. La imagen y situación que los diferentes manicomios ofrecen, motiva la publicación de un texto de denuncia de J.M. Escuder en uno de los primeros números de la Gaceta Médica del Norte (Año I, nº 18, 30 Sept. 1895, pp. 139-141), editada en Bilbao por la recientemente constituida Academia de Ciencias Médicas (leer trabajo conmemorativo del Vol. 100).

En el caso de Vizcaya ese año no contaba con manicomio alguno, anotándose a pie de página del artículo anteriormente citado de Escuder que “Las celdas de locos de nuestro Hospital Civil (mas bien cuartos de castigo) se hallan situadas entre dos patios de salas destinadas a enfermas prostitutas”. Previamente existía un deficiente departamento en el Hospital de Atxuri, donde en Octubre de 1887 permanecían ingresados para observación 6 alienados que fueron trasladados al Manicomio de Valladolid ante la inexistencia de un centro de esas características en el País Vasco.

En el caso de Vizcaya ese año no contaba con manicomio alguno, anotándose a pie de página del artículo anteriormente citado de Escuder que “Las celdas de locos de nuestro Hospital Civil (mas bien cuartos de castigo) se hallan situadas entre dos patios de salas destinadas a enfermas prostitutas”. Previamente existía un deficiente departamento en el Hospital de Atxuri, donde en Octubre de 1887 permanecían ingresados para observación 6 alienados que fueron trasladados al Manicomio de Valladolid ante la inexistencia de un centro de esas características en el País Vasco.

La inexistencia de una institución asilar para enfermos psiquiátricos obligaba a estos a ser ingresados fundamentalmente en los Manicomios de Valladolid y Zaragoza, implicando un costoso desplazamiento y el desarraigo de la comunidad de origen. Gracias a un generoso testamento del marqués de Rozalejos, en 1875 se planteó la construcción de un manicomio que atendiera las necesidades de Navarra y Provincias Vascongadas que no llegó a realizarse.
En 1898 se abre el Manicomio de Mondragón, posteriormente separado en dos hospitales diferenciados: Sagrado Corazón de Jesús (antiguo hospital para hombres) y Aita Menni (antiguo hospital para mujeres). Con la terminación del pabellón de ampliación del Manicomio de Bermeo, en 1900, año de su inauguración, recibe pacientes desde Valladolid y Mondragón. Posteriormente, en 1904 se inaugura el Manicomio de Pamplona, en 1907 el de Las Nieves en Vitoria y en 1923 le toca el turno al de Zaldibar. A principios de los años 30 se proyectó un nuevo macromanicomio que nunca llegó a inaugurarse, siendo sus instalaciones reconvertidas en el posteriormente conocido “Seminario de Derio”.

veronal

¿El elixir de la felicidad?. Comercializado en 1904, al primer derivado del ácido barbitúrico que tenía efectos sedantes e hipnóticos (ácido dietil-barbitúrico: barbital o barbitona) se le puso el nombre de “veronal”, al parecer porque tenía un efecto tan grato que el que lo tomaba se encontraba tan bien como si estuviera en Verona. Pasó a ser el fármaco de elección en las clínicas privadas, mientras en los hospitales públicos se seguían utilizando los más baratos bromuros y cloral.  (Imagen: anuncio insertado en la Revista Clínica de Bilbao en 1926)

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